Con Pico y Pala: A mí también me pasó
Como pan caído del cielo
¿Alguna vez has tenido tanta hambre que desearías que cayera, al menos, un pedacito de pan desde el cielo? Eso ocurrió durante la salida de los israelitas de la tierra de Egipto, donde habían sido esclavos. “Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no” –Éxodo 14:4-.
Y si aún no crees en los milagros, tenemos que contarte que sí existen. Joaquín Gordillo, el hombre que usó Dios para fundar un Local Bíblico en el Valle de San Nicolás, más conocido como Rionegro, fue uno de los afortunados. Durante dos años debió esperar, día tras día, su porción de comida. Bueno, aunque no ocurrió el milagro tan evidente como en la salida de Egipto, todas las mañanas Joaquín tenía su pedazo de pan y café con leche.
“Cada persona que venga a Cristo, tiene que ser probada en aquello de aprender a vivir por fe. Primeramente, es creerle a la Palabra de Dios y esperar en ella. Recién convertido a Cristo, esa fue la primera lección: que tenía que depender de él y no del dinero, ni del trabajo, sino directamente de Él. Obviamente tenía propósitos a largo plazo conmigo y antes de conocer del Señor, mi Dios fue el dinero. Todas las puertas se cerraron. Fue imposible. Dios dice en Su Palabra que, cuando Él cierra nadie abre, o cuando Él abre, nadie cierra. Fueron casi dos años, dependiendo de lo que él me enviara a través de otras personas. Y empezó a suplir la comida, para la dormida y para el vestido. Tenía que pedirle a Él: ‘Señor necesito para el desayuno de hoy, para lavar la ropa, para el transporte de hoy’. Y sin pedirle a nadie, porque eso no sería vivir por fe. Y por donde uno menos piensa, por ahí llega.
Se vencía el arriendo donde yo vivía, por ejemplo. A mí eso me angustiaba, y yo ‘Señor, se me venció el arriendo’; pero ÉL siempre llega en el momento justo. Tres días me retracé en el pago y la dueña de la casa me encerró por allá con llave el colchón, las cobijas y la ropa hasta que no le pagara. Pero pienso que Dios lo hace con propósitos. Son lecciones. Y uno, indudablemente, las aprende.
Los zapatos se me rompieron por debajo, y por esa época se desató un invierno en Bogotá… pero de esos que inunda todo. Y se me llenaban los zapatos de agua, las medias, y eso era buscando pedazos de cartones para meterle…
Y yo le dije ‘Señor, o me da para una remonta de estos zapatos, o me da otros, pero no puedo continuar más así’. Una noche, en un grupo de oración, sinceramente, yo no me acordaba del roto, y cuando estábamos reunidos yo crucé la pierna y los que estaban al frente alcanzaron a verlo. Pero yo ni me acordaba del hueco. Y cuando terminó la reunión, me llamó el dueño de la casa y me dijo: ‘Joaquín, el Señor te envía esto’, me pasó un paquete y cuando yo lo abrí… ¡zapatos! Más adelante, esa misma persona me suplió de ropa porque la había perdido. Yo tenía un negocio de engorde de pollos con dos socios más en Fusagasuga, un pueblo cercano a Bogotá. Uno de ellos vendió todo y se lo llevó. Cuando llegamos a los tres días, la finca estaba sin pollos. Tuve que quedarme dos meses cuidando esa finca porque el dueño no me la quiso recibir hasta que se venciera el contrato. Cogí luego mi maleta y, cuando llegué a Bogotá, en el terminal de transportes, me la robaron. Quedé únicamente con lo que tenía puesto. Adelgacé bastante, porque la comida no era muy abundante. Al desayuno pan y café en leche, al almuerzo más o menos una cosita de sal, a veces no me alcanzaba sino para la sopa; pero, eso, dio buenísimos resultados, porque nosotros los humanos traemos dentro una arrogancia… Nunca puedo decir que me acosté sin comer, o que tuve que dormir en la calle, o que tuve que andar desnudo. Y las personas que me veían no notaban la crisis. Pero lo cierto es que al cabo de este tiempo pude ver que la mano de Dios obró y suplió mis necesidades. Además aprendí la lección: nosotros dependemos es de Dios. Un trabajo se puede acabar en cualquier momento, la plata puede perderse fácilmente. Pero con Dios no tenemos ese problema, a ÉL no se le va a perder el dinero ni nuestra provisión. La fidelidad de Él, aunque nosotros permanezcamos infieles, Él permanece fiel.
“Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”-Mateo 6:33-
