Montados en el Arca y sin bolas en la nuca

A Carlos le apareció un bulto en la nuca. Los médicos decían que era cáncer y, cuando le dijeron que deberían hacerle una biopsia, nunca más volvió a rondar el consultorio del médico.
Cansada de la embriaguez de su compañero, Maryori decidió irse de la casa. “Nos fue muy mal, la relación estuvo a punto de dañarse, las malas amistades nos empezaron a dañar todo, y Carlos estuvo muy dado al licor. Y cierto día decidió que volvíamos a la Iglesia y nuevamente cambió todo hasta el día de hoy y pensamos seguir firmes aún más, aún más”.
Las sillas –ya no tan blancas por el uso- esperaban a esta pareja, ahora esposos, que habían conocido al Señor Jesús en 2005, durante el mes de las cometas. Pero, llevados por un ventarrón de esos que elevan alto estos juguetes del viento, decidieron apartarse. “Yo salí de la esclavitud, de Egipto. Pero esas guerras en mi cabeza, lo que yo creía, las cosas que había que cambiar que para mi eran buenas, pero que no lo son, fue un desierto. Me salí porque pudo más la influencia de mi propio yo. Como me gustaba leer mucho, tenía un poco de bobadas en la cabeza que no sirven para nada: como que de una pequeña partícula sale un sapo. Es como decir que uno siembra una turbina de un avión y 727 y que nazca un avión 727. Esa carreta loca del humanismo”, recuerda Carlos a quien le fueron suficientes esos tres meses para decidir nunca más apartarse del Camino.

Hacer lo que Cristo dice
Nadie quiere dirigir la palabra y mientras más lejos de su presencia, mejor. Es la actitud de la mayoría de los familiares de las personas que deciden empezar a llamarse “cristianos”. A Carlos no se le olvida que su mamá y hermanos dejaron de hablarle durante cuatro meses. No obstante, “cuando vieron el cambio en mi vida, ya hasta me piden consejo. Para Maryori también fue un cambio tremendo, porque era muy mariana, y una creencia de generación en generación que no era fe, sino religión, una costumbre, algo repetitivo y para ella fue muy difícil salir de eso”. Por fortuna, a través de versículos como el citado en I de Timoteo 2:5 “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”, y la lectura de la Palabra de Dios le ayudó a esta mujer a reconocer como error sus prácticas marianas. Carlos se siente feliz porque “ella vio que el único que murió por nosotros fue Cristo. María fue la madre de Jesús y respetamos eso. Pero, si alguien hace lo que ella dijo, somos nosotros. Cuando los apóstoles estaban con María en las bodas de Canaán, le preguntaron ‘¿qué hacemos?’. Y ella dijo: ‘hagan todo lo que Él les diga’. Y nosotros hacemos todo lo que Cristo dice”.

El rescate es en el Arca
“Yo era muy bebedor, pero nadie me impuso dejarlo. Yo le dije que iba a la Iglesia, pero si me daban media de ron. Juan Baena mee dijo: ‘listo hermano, no hay problema’”. Carlos no podía creer lo que había escuchado. ¿Un cristiano con una botella en la mano? Pero la respuesta de Juan fue contundente: “¿a caso le vamos a decir que no beba? Es Dios quien se lo va a decir”. Dos veces, después de conocer algo de Cristo, le hizo caso a la media de ron que ya había anunciado. “Una vez lo hice y me sentí muy mal, otra vez y me sentí peor. Entonces, simplemente, no lo volví a hacer. Y Él vino por mi otra vez. Si Dios toca la puerta, ábrale. El tiempo está corto. Es como en el mismo tiempo de Noé, que hablaba y les decía: ‘súbanse al Arca que esto se va a inundar’. En este momento el Arca es Cristo. Vayan todos a Cristo, porque este mundo no va a durar mucho”.

Casi medio año estuvo acompañándolo el bulto en la nuca. Pero, para dicha de ambos, y como si fuera un regalo de bodas, ese posible cáncer desapareció después del matrimonio y de su nuevo bautizo. “La gente dice que a uno le lavaron el cerebro, pero Pablo dice en Corintios que cualquiera que entregue la vida a Cristo nueva criatura es: ya uno pensamiento nuevo”.